martes, 18 de febrero de 2014

CRONICA DE UN MILAGRO


INTRODUCCIÓN




La vida nos regala rosas y también espinas.  Si nos decidimos a cortar la rosa nos arriesgamos a ser lastimados por las espinas.  Pues de todo, la vida nos da, nos ofrece el vino dulce y también el vino amargo y de los dos me ha tocado saborear.

Si el amanecer del nuevo día está iluminada por los rayos del sol o por una lluvia torrencial, no está dentro de mis posibilidades cambiar la situación climatológica, pero si puedo con mi actitud sonreír con el sol o con la lluvia.  Todo depende si aplico mi actitud mental positiva  (AMP).

De igual forma mi estadía como huésped del Hospital Vicente Corral Moscoso de la ciudad de Cuenca, luego de haber sufrido el accidente de tránsito y contraído una bacteria agresiva y resistente  me ha permitido forjar mi espíritu, cultivar la paciencia y la tolerancia, crecer espiritualmente, valorar la vocación y el trabajo del personal de la institución, soportar con valor y serenidad las vicisitudes de mi enfermedad.

Desde luego que no me apropio de los méritos, pues los méritos son para Dios, que durante todo el tiempo que permanecí internado en esta casa de salud, supo llenarme de su gracia, de su bondad, infundió en mí, paciencia y tolerancia, la serenidad y el valor para poder cargar con la cruz de cada día.

Debo reconocer que como todo ser humano al inicio sentí miedo, angustia, desesperación.  Impaciente quizá deseaba que pronto termine este calvario; más luego comprendí que en mí no estaba dar solución a este dilema, fue entonces que una noche hablando con Dios, le dirigí esta frase con toda humildad “SEÑOR HOY SUELTO LOS REMOS DE LA BARCA DE MI VIDA, LLÉVAME A DONDE QUIERAS Y CUANDO QUIERAS”, le pedí humildad, sencillez y valor para aceptar su santa voluntad, y desde aquél momento mi vida cambió, consciente de que donde termina el caminar del hombre comienza el caminar de Dios.

PRESENTACIÓN




Ante todo quiero comenzar dando gracias al Creador que con su esencia divina supo cuidar y salvar lo que un día fue creado por su espíritu.  Gracias oh Dios por toda tu misericordia y por haberme dado la oportunidad de experimentar esta bella y extraordinaria aventura, la misma que será para todos los que la lean el más grande testimonio del milagro de un aventurero en él que se relata cada una de las escenas de sombras, mentiras, luz, verdad, solidaridad, amor, etc.

Sólo un ciego espiritual podría no ver la mano de Dios en mis circunstancias.  Definitivamente sólo hay una explicación para este milagro.  La gracia de Dios.  Pues después de 29 intervenciones quirúrgicas, 16 transfusiones de sangre, un transfusión de plasma, 164 días de hospitalización, 520 inyecciones de imepenen, 120 ampollas de ceftazidima, 560 sueros de cloruro de sodio, colocación de tres catéter en la columna y tres catéter central entre otras situaciones complejas, sólo la Gracia de Dios pudo haberme llenado de valor y serenidad para poder soportar y salir victorioso de esta infección tan grave provocada por la bacteria pseudomona aeruginosa, la misma que ha sido agresiva y multiresistente.

Todo esto sucede a veces porque las vías de Dios no son las nuestras y los decretos de su sabiduría sorprenderán siempre.  Basta permanecer dócil al Espíritu en la oración, y su voluntad se cumplirá, para dicha de la mayoría. 

Este modesto trabajo recoge los 164 días de hospitalización en el área de cirugía del HOSPITAL REGIONAL VICENTE CORRAL MOSCOSO de la ciudad de Cuenca.

Recopilación de sucesos diarios en las diferentes áreas de la institución quedan plasmados, como el recorrer por los diferentes caminos de un aventurero de la vida, porque para mí la vida es la más bella aventura que el Creador del Universo me ha regalado.

Mi paso por quirófanos, laboratorios de rayos X, salas de ecografía, diferentes salas en el área de cirugía (10, 15, 8 y la sala 9 en el hospital del El Guabo) en donde tuve la oportunidad de experimentar muchas vivencias llenas de incertidumbre, dolor, angustia, tranquilidad, curiosidad, valor, etc.

Dejo constancia en el presente, mi agradecimiento y reconocimiento a la vocación, entrega y amor al trabajo por parte de todo el personal del hospital, entre ellos: autoridades, médicos tratantes, internos de medicina, equipo de enfermería, médicos residentes, auxiliares de servicios varios, internos de enfermería, anestesistas, entre otros.

ACLARACIÓN:




Mil disculpas si con mi apreciación personal he podido herir y lastimar la susceptibilidad personal y profesional de algunas personas involucradas en esta crónica, pues ha sido relatada de acuerdo a mi forma particular de ver y analizar las cosas.  Como todo ser humano estoy expuesto a cometer errores, pero con toda humildad y valentía estoy dispuesto a escuchar algún tipo de crítica constructiva, enmendar los errores involuntarios y hacer las debidas correcciones.

Como mi conocimiento está muy lejos de la rama de la medicina es posible que no haya utilizado la terminología adecuada, por lo cual también pido mil disculpas.
También debo pedir las debidas disculpas si en este trabajo he obviado algún nombre de profesionales o personas que me asistieron durante mi tiempo de estadía en la institución, pues quizá se deba a algún error involuntario.

Viernes 5 de abril…



PREPARACIÓN DEL VIAJE

Preparo documentos, entre éstos listas de pedidos, facturas, cheques, etc. Para el día siguiente procesar la información con Vinicio y con Miguel, propietarios de las fábricas de jeans, que días atrás me abrieron las puertas y me apoyaron para emprender el negocio con sus productos.  Empaco mi mochila, fiel compañera de viaje que la conservo desde el tiempo que fui legionario de la casaca roja en la ciudad de Pasaje, dentro de ella coloco una casaca, los documentos, un pequeño equipo de rescate y primeros auxilios (siempre acostumbro a llevar), documentos personales, etc. de tal forma que todo esté listo para el viaje que emprendería al siguiente día hasta la ciudad de Cuenca.

Durante la noche sostengo una pequeña discusión con mi esposa, como que la sospecha de ella estuviera a punto de hacerse realidad, me pide que no viaje al día siguiente, pero por satisfacer ciertos caprichos personales, entre ellos visitar  a mi hijo Alfonsito; desde luego porque no decirlo, también por cumplir con mi responsabilidad de trabajo, pues tenía que retirar mercadería para entregar en las ciudades de Pasaje, La Troncal y Loja.

Superado este incidente, luego de alabar a Dios y darle gracias me acuesto y mientras duermo espero el nuevo amanecer.


PARA REFLEXIONAR:

Solo Dios guía tus pasos, cuando te sujetas a su mano siempre estarás seguro y del peligro Él te salvará.

Sábado 6 de Abril…



EL VIAJE

Son las cinco de la mañana, hora que por costumbre me despierto, pese a mi vida un poco desordenada, elevo una plegaria a Dios, luego de darle gracias por el nuevo día que me regala, libero poco a poco la pereza del amanecer.  Converso cordialmente con mi esposa, un hasta pronto y me encamino rumbo al garaje para sacar el vehículo y emprender el viaje.

Una oración elevo hasta el cielo, enciendo el vehículo, salgo del garaje y emprendo el viaje; hago una pequeña escala en la casa, en la ciudad de Pasaje, tomo mi equipaje, dejo alimentación para mi Nena (perrita guardiana de la casa), aseguro las puertas y continúo con mi viaje.  Avanzo hacia la ciudad de Cuenca a velocidad moderada, sin apuros y al son de la música de varios artistas, recorro aproximadamente 3 horas, cuando estoy a punto de que ocurra el fatal accidente.


EL ACCIDENTE


Luego de pasar la parroquia de Tarqui, cada vez más próximo a mi destino, mientras voy por mi carril, diviso que en sentido contrario se aproxima un tanquero de color blanco con plateado y al hacer una maniobra brusca para entrar a su carril me impacto en la parte posterior del mismo e inmediatamente por la parte de atrás siento el impacto de una camioneta de color verde.

De pronto me encuentro atrapado entre las chatarras del vehículo que conducía; aprisionado con todo lo que se me vino encima y sin perder la conciencia en ningún momento, elevo la mirada al cielo y digo gracias Dios mío, no por el accidente, sino porque aún me mantiene con vida.

En esos momentos de angustia y dolor, mantengo la calma y controlo mis nervios sin imaginar siquiera la magnitud de los daños materiales, peor aún de los daños personales; me limito a sacar la memoria del carro y mis documentos, colocándolos en el bolsillo de mi pantalón; tomo el celular y llamo a mi familia, para indicarles sobre el accidente de tránsito que había tenido.

Mucha gente, muchos vehículos a mi alrededor, pero nadie hace nada por ayudarme, solo se limitan los curiosos a comentar y a lamentarse por lo sucedido; el tiempo pasa y yo aún atrapado, empiezo a sangrar por todo lado, miro mi pierna izquierda aprisionada y por su apariencia sospecho de una fractura expuesta, por donde mana mucha sangre.  De pronto de entre los curiosos se acerca un buen hombre, un señor de tez blanca dirigiéndose hacia mí para ofrecerme su ayuda, indicándome que pertenece al Cuerpo de Bomberos de Santa Isabel, posteriormente me indican que se trataba de un médico; mientras se acerca con su equipo de primeros auxilios se escucha el ulular de la sirena de una ambulancia, la misma que luego me doy cuenta que se trata de una unidad de rescate del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Cuenca.  Inmediatamente al llegar al lugar el equipo de rescate y de paramédicos, toman procedimiento para sacarme del carro.

Haciendo uso de su equipo de rescate, cortan la puerta y otras partes del vehículo, de tal forma que permita rescatarme con facilidad.  El hecho de estar consciente permite que colabore con sus labores, apoyándome con mis manos ayudo y soy rescatado para luego ser colocado y trasladado en la unidad de rescate hasta el Hospital Regional Vicente Corral Moscoso.

Durante el trayecto, a pesar de la tragedia, mantengo una amena conversación con los paramédicos de la institución bomberil.

Haciendo un alto a este relato, quiero expresar mi sincero agradecimiento al Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Cuenca, a su equipo de paramédicos que colaboraron en mi rescate, primeros auxilios y traslado hasta la casa de salud.  Se dice que “lo que siembras cosecharás”, y en cualquier momento la recompensa llega, pues así sucedió en este día, pues por muchos años formé parte de los legionarios de la casaca roja en la ciudad de Pasaje, en donde nuestro lema y actividad era salvar y proteger la vida, ya sea en incendios, rescate vehicular, primeros auxilios, etc. y precisamente en este día a cambio la vida retribuía el fruto de lo que un día sembré en bien del prójimo.


LLEGADA A EMERGENCIA DEL HOSPITAL VICENTE CORRAL MOSCOSO Y EL PERIPLO POR SUS DIFERENTES DEPARTAMENTOS.  

El ulular de la sirena calló, los paramédicos presurosos trasladan la camilla con mi cuerpo destrozado hacia la sala de emergencia del hospital.  Cortes, escoriaciones, hematomas, hemorragia, fracturas, desesperación en la familia y amigos son características en estos momentos de dolor y angustia, que impotentes esperan, quizá especulando cual será el resultado final.

Plegarias y oraciones se elevan al cielo, mientras varias frases de aliento, como “todo va a salir bien” susurran a mi oído.

Luego de una, pre valoración en la sala de emergencia y los primeros auxilios, desesperado, quizá un poco impaciente, espero en la sala de trauma para un largo itinerario por el laboratorio de rayos x, tomografía, ecografía y muchos exámenes necesarios para salvar una vida. Acto seguido mientras espero turno y la disponibilidad de un quirófano, siento que la vida se me escapa y comienzo a desfallecer poco a poco, como que el espíritu se desprendiera de mí, dejándome sin aliento de vida; siento frialdad en mi cuerpo, los signos vitales cada vez son más débiles.

El personal de esta área comenta sobre mi palidez, una presión arterial deficiente, una hemorragia incontrolable por la fractura expuesta del fémur.  La desesperación hace presa del personal que tiene la responsabilidad de mi cuidado, mientras piden y exigen prioridad para poder ingresar a un quirófano, la misma que es concedida luego de un largo tiempo; tiempo en el cual creo haber visto hasta a San Pedro, quien aún no acepta el traslado desde este mundo hacia el más allá.

 Con un poco de temor y angustia, tal vez cargado de incertidumbre entro al quirófano, a esa sala fría en donde se fragua la vida o la muerte, entonces me encomiendo a Dios y espero que todo salga bien, siendo los resultados satisfactorios, saliendo del mismo luego de 4 horas aproximadamente con las dos piernas inmovilizadas con férulas de yeso para estabilizar la fisura de la tibia derecha y las múltiples fracturas de la pierna izquierda (tibia, peroné, rodilla flotante y una fractura fragmentada del fémur), un corte suturado en la cabeza, frente, párpado derecho, parte posterior de la oreja derecha, heridas suturadas en antebrazo izquierdo y mano izquierda y una sospecha de algunas costillas fracturadas y la posibilidad de estar perforado un pulmón, que luego gracias a Dios se descarta, también tengo colocada una sonda en el pene y una sonda nasogástrica por la nariz.


 




PARA REFLEXIONAR:

SI AL AMANECER DEL NUEVO DIA COLOCA TU MANO SOBRE TU PECHO Y SI SIENTES QUE AÚN LATE TU CORAZÓN DALE GRACIAS A DIOS POR EL MILAGRO DE VIVIR.