La luz de un nuevo día me
lleva a tomar conciencia de que debo continuar luchando por lo que vale la pena
luchar, no dejar que me amargue el dolor, ni sufrir por la indiferencia de
mucha gente ni tampoco desesperarme por la soledad, pues debo seguir como un
guerrero que sabe que una guerra está compuesta por muchas batallas y hay que
seguir adelante.
Complacido me siento por la
amistad que me brinda el personal de enfermería y de servicios varios como el
licenciado Raúl Bermeo, doña Cumandá, la Señora Janeth Peláez, la licenciada
Aida Vishñay, entre otros, departimos siempre gratos momentos, compartiendo
anécdotas, contando uno que otro cacho o a su vez compartiendo experiencias de
la vida.
Durante la mañana me dedico
a culminar con el trabajo que me comprometí a realizar para dos futuras
enfermeras, pues el plazo es hasta hoy.
El señor interno de medicina
Patricio Orellana, realiza la curación respectiva de mi herida y además me
indica que hasta mañana será el responsable de mi situación de salud, pues a
partir del día lunes estaré bajo la responsabilidad de una de sus compañeras.
La visita de mi hija Rosita
y de mi hermana Luz María me llena de mucha alegría, aprovechamos el tiempo
para reír un poco a través de bromas, cachos, etc. pues no hay motivo para
estar tristes, la vida se hizo para sonreír a pesar de la enfermedad y de las
adversidades, pues Dios nos provee de valor para enfrentar la vida.
La tarde languidece y la
noche cubre con su sombra, gracias doy al Creador por el día vivido y por todas
sus bendiciones, en sus manos encomiendo mi vida a través de la oración y
procedo a dormir en santa paz.
PARA REFLEXIONAR
Es
necesario dar muerte al odio en nuestra propia carne si queremos resucitar
nuestro corazón.
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