martes, 18 de febrero de 2014

Sábado 24 de agosto…





La luz de un nuevo día me lleva a tomar conciencia de que debo continuar luchando por lo que vale la pena luchar, no dejar que me amargue el dolor, ni sufrir por la indiferencia de mucha gente ni tampoco desesperarme por la soledad, pues debo seguir como un guerrero que sabe que una guerra está compuesta por muchas batallas y hay que seguir adelante.

Complacido me siento por la amistad que me brinda el personal de enfermería y de servicios varios como el licenciado Raúl Bermeo, doña Cumandá, la Señora Janeth Peláez, la licenciada Aida Vishñay, entre otros, departimos siempre gratos momentos, compartiendo anécdotas, contando uno que otro cacho o a su vez compartiendo experiencias de la vida.

Durante la mañana me dedico a culminar con el trabajo que me comprometí a realizar para dos futuras enfermeras, pues el plazo es hasta hoy.

El señor interno de medicina Patricio Orellana, realiza la curación respectiva de mi herida y además me indica que hasta mañana será el responsable de mi situación de salud, pues a partir del día lunes estaré bajo la responsabilidad de una de sus compañeras.

La visita de mi hija Rosita y de mi hermana Luz María me llena de mucha alegría, aprovechamos el tiempo para reír un poco a través de bromas, cachos, etc. pues no hay motivo para estar tristes, la vida se hizo para sonreír a pesar de la enfermedad y de las adversidades, pues Dios nos provee de valor para enfrentar la vida.

La tarde languidece y la noche cubre con su sombra, gracias doy al Creador por el día vivido y por todas sus bendiciones, en sus manos encomiendo mi vida a través de la oración y procedo a dormir en santa paz.
 



PARA REFLEXIONAR

Es necesario dar muerte al odio en nuestra propia carne si queremos resucitar nuestro corazón.

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