El tiempo avanza, un día más
internado, son 4 días de hospitalización, tiempo que me ha permitido
reflexionar y hacer un inventario, una auditoría de mis acciones a lo largo de
mi vida.
Para este día está
programada una intervención quirúrgica en el quirófano para estabilizar la
tibia y el peroné. El temor, como quizá
en toda persona se apodera, pues somos seres humanos y más no seres
omnipotentes, y por esta razón solicito de la manera más comedida tanto a mi
hermana como a mi esposa, la posibilidad de que traigan un sacerdote para poder
reconciliarme con Dios.
Luego de dos horas
aproximadamente llega el Ministro de Dios y me ayuda con los sacramentos de la
confesión y comunión, para poder estar en paz con el Todopoderoso y conmigo
mismo. Fortalecido mi espíritu y mi
cuerpo, lleno de confianza hacia el quirófano me trasladan.
Debo anotar las molestias y
trauma psicológico que causa el proceso de administración de la anestesia, la
canalización de vías para la aplicación de los sueros, el control de la presión
arterial, la colocación de electrodos para el control de los signos vitales.
Con mucha curiosidad vigilo
sigilosamente el procedimiento de intervención quirúrgica, pues tan solo me
anestesiaron en la columna vertebral (raquídea) lo que permite que solo se
adormezca la parte inferior del cuerpo dejando casi sin sensibilidad el mismo.
En esta intervención
participan el Dr. Vladimir Serrano como traumatólogo, el médico cirujano el
residente Dr. Andrés Andrade, la interna en medicina Srta. Jessica Naula y el
anestesiólogo el Dr. Luis Reyes.
Me causa mucha sorpresa esta
intervención por los instrumentos utilizados, pues me daba la impresión de
estar en un taller de mecánica o de carpintería, por la presencia de taladro,
martillo, desarmadores, clavos, tornillos, tarraja, etc., nunca me había
imaginado una situación parecida.
La presencia de una pantalla
me permite observar parte del proceso quirúrgico, el mismo me causa cierta
emoción por la oportunidad de vivir esta experiencia. Luego de dos horas aproximadamente concluye
la cirugía, con resultados satisfactorios de acuerdo a la versión de los
profesionales participantes.
Luego de permanecer dos
horas en la sala de recuperación, me trasladan a la sala del área de cirugía en
donde me encuentro hospitalizado. Debo
reconocer que una de las molestias causadas es haber atentado contra uno de los
placeres más lindos del ser humano, como es el de comer, pues cuando hay
cirugías nos aplican el famoso NPO (nada por vía oral) lo que significa ni agua
durante el desayuno, almuerzo y merienda, por tanto habría que esperar
pacientemente la llegada del nuevo día para ansiosamente poder desayunar.
PARA REFLEXIONAR:
Jamás pienses que no puedes hacer algo sin haberlo intentado.
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