Dios me despierta este día
para confiarme su heredad, me regala veinticuatro horas como si fueran
veinticuatro surcos que debo cultivar, pues el Señor quiere surcos sembrados,
porque no le agrada nada los campos baldíos, el tiempo perdido, la vida
inactiva, el obrero mano sobre mano, las higueras estériles. Por eso quiere verme de lleno en la
sementera.
Maravilloso día porque hoy
cuento con la visita de mi querida esposa y las de mis bellas nenas Gabriela y
Rosita, con quienes me estoy encontrando luego de 15 días pues la semana
anterior por varios motivos no pudieron venir.
Aprovecho las horas de la
mañana para salir a pasear por los pasillos de tal forma de ir acondicionando
mi pierna derecha y mi cuerpo para poder caminar de la mejor forma haciendo uso
de las muletas.
En la tarde también me
complace sobre manera la visita de mi hermana Luz María y de mi sobrina Anita,
así como también la visita de unos amigos como son Moisés Vera y su esposa
Zoila Ochoa acompañados de su hija, quienes me dan sus muestras de solidaridad,
lamentándose por lo sucedido y augurándome mi pronta recuperación.
Luego de terminado el
horario de visitas abandonan la sala y aprovecho ese tiempo para meditar,
escribir y leer el diario.
Luego las sombras de la
noche acarician mis párpados y procedo a descansar confiadamente en el regazo
del Creador.
PARA REFLEXIONAR:
Todos
los hombres y todas las mujeres estamos conectados con la energía que muchos
llamamos amor, pero que en verdad es la materia prima con la que se construyó
el universo. Esta energía no puede ser
manipulada, es ella la que nos conduce suavemente, es en ella en la que reside
todo nuestro aprendizaje en esta vida.
Si intentamos orientarla hacia lo que queremos, acabamos desesperados,
frustrados, defraudados, porque ella es libre y salvaje.
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