martes, 18 de febrero de 2014

Domingo 15 de septiembre…





Dios me despierta este día para confiarme su heredad, me regala veinticuatro horas como si fueran veinticuatro surcos que debo cultivar, pues el Señor quiere surcos sembrados, porque no le agrada nada los campos baldíos, el tiempo perdido, la vida inactiva, el obrero mano sobre mano, las higueras estériles.  Por eso quiere verme de lleno en la sementera.

Maravilloso día porque hoy cuento con la visita de mi querida esposa y las de mis bellas nenas Gabriela y Rosita, con quienes me estoy encontrando luego de 15 días pues la semana anterior por varios motivos no pudieron venir.

Aprovecho las horas de la mañana para salir a pasear por los pasillos de tal forma de ir acondicionando mi pierna derecha y mi cuerpo para poder caminar de la mejor forma haciendo uso de las muletas.

En la tarde también me complace sobre manera la visita de mi hermana Luz María y de mi sobrina Anita, así como también la visita de unos amigos como son Moisés Vera y su esposa Zoila Ochoa acompañados de su hija, quienes me dan sus muestras de solidaridad, lamentándose por lo sucedido y augurándome mi pronta recuperación.

Luego de terminado el horario de visitas abandonan la sala y aprovecho ese tiempo para meditar, escribir y leer el diario.

Luego las sombras de la noche acarician mis párpados y procedo a descansar confiadamente en el regazo del Creador.
 



PARA REFLEXIONAR:

Todos los hombres y todas las mujeres estamos conectados con la energía que muchos llamamos amor, pero que en verdad es la materia prima con la que se construyó el universo.  Esta energía no puede ser manipulada, es ella la que nos conduce suavemente, es en ella en la que reside todo nuestro aprendizaje en esta vida.  Si intentamos orientarla hacia lo que queremos, acabamos desesperados, frustrados, defraudados, porque ella es libre y salvaje.

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