La vida nos regala rosas y
también espinas. Si nos decidimos a
cortar la rosa nos arriesgamos a ser lastimados por las espinas. Pues de todo, la vida nos da, nos ofrece el
vino dulce y también el vino amargo y de los dos me ha tocado saborear.
Si el amanecer del nuevo día
está iluminada por los rayos del sol o por una lluvia torrencial, no está
dentro de mis posibilidades cambiar la situación climatológica, pero si puedo
con mi actitud sonreír con el sol o con la lluvia. Todo depende si aplico mi actitud mental
positiva (AMP).
De igual forma mi estadía
como huésped del Hospital Vicente Corral Moscoso de la ciudad de Cuenca, luego
de haber sufrido el accidente de tránsito y contraído una bacteria agresiva y
resistente me ha permitido forjar mi
espíritu, cultivar la paciencia y la tolerancia, crecer espiritualmente,
valorar la vocación y el trabajo del personal de la institución, soportar con
valor y serenidad las vicisitudes de mi enfermedad.
Desde luego que no me
apropio de los méritos, pues los méritos son para Dios, que durante todo el
tiempo que permanecí internado en esta casa de salud, supo llenarme de su gracia,
de su bondad, infundió en mí, paciencia y tolerancia, la serenidad y el valor
para poder cargar con la cruz de cada día.
Debo reconocer que como todo
ser humano al inicio sentí miedo, angustia, desesperación. Impaciente quizá deseaba que pronto termine
este calvario; más luego comprendí que en mí no estaba dar solución a este
dilema, fue entonces que una noche hablando con Dios, le dirigí esta frase con
toda humildad “SEÑOR HOY SUELTO LOS REMOS DE LA BARCA DE MI VIDA, LLÉVAME A
DONDE QUIERAS Y CUANDO QUIERAS”, le pedí humildad, sencillez y valor para
aceptar su santa voluntad, y desde aquél momento mi vida cambió, consciente de
que donde termina el caminar del hombre comienza el caminar de Dios.
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