Reconozco que me he acostumbrado a dormir más de lo
acostumbrado, pues antes dormía más o menos de 4 a 5 horas, hoy en día duermo
hasta ocho horas. De todas formas me
despierto cuarto para las siete, me desperezo un poco en la cama y luego me
levanto para asearme, posteriormente me dedico a orar y elevar gracias a Dios
por todas sus bendiciones.
Durante la visita los
médicos manifiestan que para el día martes se va a programar una nueva
intervención quirúrgica con la finalidad de realizar la última limpieza para
luego proceder a estabilizar el hueso y cerrar la herida. Estas noticias alentadoras me llenan de
enorme alegría y satisfacción pues pronto podré regresar a mi hogar y compartir
con mi esposa e hijas.
También el personal que
labora en la institución está muy contenta de mi recuperación y me auguran
mejores días, a pesar que uno anhela la respectiva alta médica, también llena
de nostalgia el tener que separarme de quienes por más de cuatro meses
compartieron mis penas y alegrías, mis momentos de angustia, mis dudas, tal vez
mis aciertos y errores, pero todo tiene su fin y que más queda aceptar lo que
la vida y el destino nos depara.
En la lectura realizada en
este día me parece muy interesante como uno se aleja de Dios cuando tiene todo,
cuando hay bienestar y lo digo esto luego de analizar la parábola que titula
“No seas charco”, que en resumen más o menos dice así:
“Erase una vez una gota de agua que feliz y
cantarina fue llamada por el mar, más en su trayecto quiso desviarse de su cauce
y se lanzó a la tierra y dentro de un charco quedó, un charco sucio y mal
oliente en donde ni el sol podía reflejarse.
Esta parábola trata sobre, el llamado de Dios que nos invita a ser parte
de su reino, más nos alejamos de su camino por preferir la satisfacción y
bienestar de las cosas materiales, de las diversiones y de los placeres de este
mundo, olvidando que fuimos llamados a formar parte del mar de la salvación y
nos quedamos en el charco del pecado y la perdición”
PARA REFLEXIONAR
Brilla
siempre con luz propia, manteniendo encendida la antorcha de la fe y la
esperanza para que nadie opaque tu vivir.
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