martes, 18 de febrero de 2014

Viernes 16 de agosto…





Reconozco que  me he acostumbrado a dormir más de lo acostumbrado, pues antes dormía más o menos de 4 a 5 horas, hoy en día duermo hasta ocho horas.   De todas formas me despierto cuarto para las siete, me desperezo un poco en la cama y luego me levanto para asearme, posteriormente me dedico a orar y elevar gracias a Dios por todas sus bendiciones.

Durante la visita los médicos manifiestan que para el día martes se va a programar una nueva intervención quirúrgica con la finalidad de realizar la última limpieza para luego proceder a estabilizar el hueso y cerrar la herida.  Estas noticias alentadoras me llenan de enorme alegría y satisfacción pues pronto podré regresar a mi hogar y compartir con mi esposa e hijas.

También el personal que labora en la institución está muy contenta de mi recuperación y me auguran mejores días, a pesar que uno anhela la respectiva alta médica, también llena de nostalgia el tener que separarme de quienes por más de cuatro meses compartieron mis penas y alegrías, mis momentos de angustia, mis dudas, tal vez mis aciertos y errores, pero todo tiene su fin y que más queda aceptar lo que la vida y el destino nos depara.

En la lectura realizada en este día me parece muy interesante como uno se aleja de Dios cuando tiene todo, cuando hay bienestar y lo digo esto luego de analizar la parábola que titula “No seas charco”, que en resumen más o menos dice así: 

Erase una vez una gota de agua que feliz y cantarina fue llamada por el mar, más en su trayecto quiso desviarse de su cauce y se lanzó a la tierra y dentro de un charco quedó, un charco sucio y mal oliente en donde ni el sol podía reflejarse.  Esta parábola trata sobre, el llamado de Dios que nos invita a ser parte de su reino, más nos alejamos de su camino por preferir la satisfacción y bienestar de las cosas materiales, de las diversiones y de los placeres de este mundo, olvidando que fuimos llamados a formar parte del mar de la salvación y nos quedamos en el charco del pecado y la perdición”
 



PARA REFLEXIONAR

Brilla siempre con luz propia, manteniendo encendida la antorcha de la fe y la esperanza para que nadie opaque tu vivir.

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