martes, 18 de febrero de 2014

Viernes 12 de julio…


Este es un día maravilloso, por cuanto hoy se celebra el 22 aniversario de haberle conocido a quien hoy en día es mi esposa querida, mi esposa Laura, porque un 12 de julio del año 1991 Dios me dio la oportunidad de conocer a tan maravillosa mujer.  Sin embargo estamos distantes, pues ella cumpliendo con sus obligaciones laborales en Machala y yo cumpliendo con mi oficio de enfermo en una sala del hospital Vicente Corral Moscoso.  Desde luego que la distancia no es obstáculo para los corazones que se aman y espiritualmente estamos juntos, de mi parte le envié un mensaje al celular saludándola y agradeciéndole por toda la felicidad que me ha regalado, así como posteriormente una llamada telefónica y el envío de un modesto presente elaborado con mucho cariño a su correo electrónico, el mismo que consistía en varios versos y poemas inspirados en ella y en nuestro amor.  De parte de ella también recibo una llamada y varios comentarios en el Facebook, en donde me regala un te quiero y un te amo y muchos augurios para nuestra relación.

Para mi hija Gabriela fue una sorpresa este aniversario, pues dice que no lo sabía, que nunca se había enterado, pero su alegría se percibe por este acontecimiento y desde luego las respectivas felicitaciones y buenos augurios para el amor de sus papis.

Luego del desayuno me acojo al cumplimiento estricto del NPO y espero pacientemente la hora programada para la intervención quirúrgica; más siendo las 3 de la tarde aproximadamente el médico tratante llega a infórmame que no bajaré a las 4 sino que la cirugía se realizará entre las 8 o 9 de la noche, particular que comunico a mis familiares para que estén previstos del mismo.

La hora señalada llega y no se procede a la intervención, lo que me provoca cierta preocupación y mientras mi hermana y mi sobrina esperan pacientemente a ver a qué hora misma se concreta; debo reconocer el enorme sacrificio y su solidaridad para con este paciente, pues pese a tener un compromiso familiar muy importante están junto a mí, a pesar que en la casa los invitados esperan y todo está preparado para celebrar el cumpleaños de Anita, que desde luego era una sorpresa.

Cuando son las 10 de la noche, muy apenado por todo el sacrificio que hacen, les pido que se vayan a la casa pues nadie nos daba ninguna información sobre si se iba o no a realizar la intervención quirúrgica, procediendo a retirarse a su domicilio.

Tuvieron que dar aproximadamente las 12 de la noche para que el Dr. César Arévalo, médico residente llegue a mi habitación para informe que me traía una mala noticia, por cuanto debido a casos emergentes no me podían intervenir en esa noche y que iban a reprogramar para el día siguiente-

Esta actitud por parte de los profesionales me impacienta y hace renacer en mí el indio que llevo por dentro y me lleno de rabia y coraje, mientras el dolor es intenso y la secreción de la herida sigue manando, rezo una oración y le pido a Dios sabiduría para poder sobrellevar este sufrimiento y que me dé la humildad necesaria para aceptar su santa voluntad.  Luego puedo conciliar mi sueño hasta que Dios me regala una vez más la luz de un nuevo día, el mismo que se convierte en un desafío y una alegría por el milagro de aún estar en este mundo.




PARA REFLEXIONAR:

Jamás ni el tiempo ni la distancia podrán matar con el olvido, los bellos momentos vividos y no habrá tormenta por fuerte que esta sea que puedan extinguir la llama ardiente de una pasión de amor, y mentirosos los labios que pronuncien olvido tratando de engañar al corazón.

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