EL
VIAJE
Son las cinco de la mañana,
hora que por costumbre me despierto, pese a mi vida un poco desordenada, elevo
una plegaria a Dios, luego de darle gracias por el nuevo día que me regala,
libero poco a poco la pereza del amanecer.
Converso cordialmente con mi esposa, un hasta pronto y me encamino rumbo
al garaje para sacar el vehículo y emprender el viaje.
Una oración elevo hasta el
cielo, enciendo el vehículo, salgo del garaje y emprendo el viaje; hago una pequeña
escala en la casa, en la ciudad de Pasaje, tomo mi equipaje, dejo alimentación
para mi Nena (perrita guardiana de la casa), aseguro las puertas y continúo con
mi viaje. Avanzo hacia la ciudad de
Cuenca a velocidad moderada, sin apuros y al son de la música de varios
artistas, recorro aproximadamente 3 horas, cuando estoy a punto de que ocurra
el fatal accidente.
EL
ACCIDENTE
Luego de pasar la parroquia de Tarqui, cada vez más próximo a mi destino, mientras voy por mi carril, diviso que en sentido contrario se aproxima un tanquero de color blanco con plateado y al hacer una maniobra brusca para entrar a su carril me impacto en la parte posterior del mismo e inmediatamente por la parte de atrás siento el impacto de una camioneta de color verde.
De pronto me encuentro
atrapado entre las chatarras del vehículo que conducía; aprisionado con todo lo
que se me vino encima y sin perder la conciencia en ningún momento, elevo la
mirada al cielo y digo gracias Dios mío, no por el accidente, sino porque aún
me mantiene con vida.
En esos momentos de angustia
y dolor, mantengo la calma y controlo mis nervios sin imaginar siquiera la
magnitud de los daños materiales, peor aún de los daños personales; me limito a
sacar la memoria del carro y mis documentos, colocándolos en el bolsillo de mi
pantalón; tomo el celular y llamo a mi familia, para indicarles sobre el accidente
de tránsito que había tenido.
Mucha gente, muchos vehículos
a mi alrededor, pero nadie hace nada por ayudarme, solo se limitan los curiosos
a comentar y a lamentarse por lo sucedido; el tiempo pasa y yo aún atrapado,
empiezo a sangrar por todo lado, miro mi pierna izquierda aprisionada y por su
apariencia sospecho de una fractura expuesta, por donde mana mucha sangre. De pronto de entre los curiosos se acerca un
buen hombre, un señor de tez blanca dirigiéndose hacia mí para ofrecerme su
ayuda, indicándome que pertenece al Cuerpo de Bomberos de Santa Isabel, posteriormente
me indican que se trataba de un médico; mientras se acerca con su equipo de
primeros auxilios se escucha el ulular de la sirena de una ambulancia, la misma
que luego me doy cuenta que se trata de una unidad de rescate del Cuerpo de
Bomberos de la ciudad de Cuenca.
Inmediatamente al llegar al lugar el equipo de rescate y de paramédicos,
toman procedimiento para sacarme del carro.
Haciendo uso de su equipo de
rescate, cortan la puerta y otras partes del vehículo, de tal forma que permita
rescatarme con facilidad. El hecho de
estar consciente permite que colabore con sus labores, apoyándome con mis manos
ayudo y soy rescatado para luego ser colocado y trasladado en la unidad de
rescate hasta el Hospital Regional Vicente Corral Moscoso.
Durante el trayecto, a pesar
de la tragedia, mantengo una amena conversación con los paramédicos de la
institución bomberil.
Haciendo un alto a este
relato, quiero expresar mi sincero agradecimiento al Cuerpo de Bomberos de la
ciudad de Cuenca, a su equipo de paramédicos que colaboraron en mi rescate,
primeros auxilios y traslado hasta la casa de salud. Se dice que “lo que siembras cosecharás”, y
en cualquier momento la recompensa llega, pues así sucedió en este día, pues
por muchos años formé parte de los legionarios de la casaca roja en la ciudad
de Pasaje, en donde nuestro lema y actividad era salvar y proteger la vida, ya
sea en incendios, rescate vehicular, primeros auxilios, etc. y precisamente en
este día a cambio la vida retribuía el fruto de lo que un día sembré en bien
del prójimo.
LLEGADA
A EMERGENCIA DEL HOSPITAL VICENTE CORRAL MOSCOSO Y EL PERIPLO POR SUS
DIFERENTES DEPARTAMENTOS.
El ulular de la sirena
calló, los paramédicos presurosos trasladan la camilla con mi cuerpo destrozado
hacia la sala de emergencia del hospital.
Cortes, escoriaciones, hematomas, hemorragia, fracturas, desesperación
en la familia y amigos son características en estos momentos de dolor y
angustia, que impotentes esperan, quizá especulando cual será el resultado
final.
Plegarias y oraciones se
elevan al cielo, mientras varias frases de aliento, como “todo va a salir bien”
susurran a mi oído.
Luego de una, pre valoración
en la sala de emergencia y los primeros auxilios, desesperado, quizá un poco
impaciente, espero en la sala de trauma para un largo itinerario por el
laboratorio de rayos x, tomografía, ecografía y muchos exámenes necesarios para
salvar una vida. Acto seguido mientras espero turno y la disponibilidad de un
quirófano, siento que la vida se me escapa y comienzo a desfallecer poco a
poco, como que el espíritu se desprendiera de mí, dejándome sin aliento de
vida; siento frialdad en mi cuerpo, los signos vitales cada vez son más
débiles.
El personal de esta área
comenta sobre mi palidez, una presión arterial deficiente, una hemorragia
incontrolable por la fractura expuesta del fémur. La desesperación hace presa del personal que
tiene la responsabilidad de mi cuidado, mientras piden y exigen prioridad para
poder ingresar a un quirófano, la misma que es concedida luego de un largo
tiempo; tiempo en el cual creo haber visto hasta a San Pedro, quien aún no
acepta el traslado desde este mundo hacia el más allá.
Con un poco de temor y angustia, tal vez
cargado de incertidumbre entro al quirófano, a esa sala fría en donde se fragua
la vida o la muerte, entonces me encomiendo a Dios y espero que todo salga
bien, siendo los resultados satisfactorios, saliendo del mismo luego de 4 horas
aproximadamente con las dos piernas inmovilizadas con férulas de yeso para
estabilizar la fisura de la tibia derecha y las múltiples fracturas de la
pierna izquierda (tibia, peroné, rodilla flotante y una fractura fragmentada
del fémur), un corte suturado en la cabeza, frente, párpado derecho, parte
posterior de la oreja derecha, heridas suturadas en antebrazo izquierdo y mano
izquierda y una sospecha de algunas costillas fracturadas y la posibilidad de
estar perforado un pulmón, que luego gracias a Dios se descarta, también tengo
colocada una sonda en el pene y una sonda nasogástrica por la nariz.
PARA REFLEXIONAR:
SI AL AMANECER DEL NUEVO DIA COLOCA TU MANO SOBRE TU PECHO Y SI SIENTES QUE AÚN LATE TU CORAZÓN DALE GRACIAS A DIOS POR EL MILAGRO DE VIVIR.


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