Luego de un descanso
reparador me despierto a las 4 y media de la madrugada, muy contento y con
todos los ánimos, doy gracias a Dios a través del rezo del santo Rosario y del
tercer día que dedico a la novena a la Sangre Preciosa de Jesús, pidiendo por
su intercesión por la salud de los enfermos, por la conversión de los
pecadores, por los hogares, la paz en el mundo, etc.
Puedo darme cuenta que el
tiempo que me encuentro hospitalizado me ha servido para reencontrarme con
Dios, pues puedo conversar con Él a través de la oración, con toda la confianza
dejo en sus manos mis problemas, mis preocupaciones, mis dudas y siento una
gran paz interior.
Entonces creo que es digno
reconocer que muchas veces el Señor de la vida, curar al hombre no significa
liberarlo de un síntoma, sino tocarlo en la raíz más profunda de su mal
verdadero para liberarlo de él, pero una liberación que pide nuestra libertad
Durante la visita de rutina
de los médicos me indican que para mañana en la noche está programada una nueva
intervención quirúrgica, en la misma, a más de realizar la respectiva limpieza
me colocarán nuevamente el sistema de succión continua (GENADYNE) o sea
el equipo de aspersión que permita extraer la secreción que mana del hueso y de
la herida.
Con en este antecedente,
nuevamente se realiza las actividades preparatorias como antesala para bajar
mañana al quirófano, esto es trámites de anestesiología, exámenes de sangre,
indagación de información y varias sugerencias para que todo quede listo.
PARA REFLEXIONAR:
Tanto trabajo y tanta
preocupación no nos permite apreciar y disfrutar de las preciosidades del mundo, pues así es
como se encarcelan la voluntad, la libertad y los sueños en las prisiones de la
razón.
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