martes, 18 de febrero de 2014

Martes 16 de julio…


Una mañana triste con presencia de llovizna, un clima frío pero en mi corazón rebosa una enorme alegría de estar viviendo el milagro de un nuevo día.

Luego de realizar mi aseo matutino, dedico un tiempo a un reencuentro con Dios a través de la oración, por medio de la cual doy gracias al creador por la vida, por la salud, por la luz del nuevo día y pido por muchas intenciones, con la plena confianza en que sabrá responder a mis peticiones.

El médico tratante Dr. Miguel Molina acompañado de los médicos residentes e internos de medicina me visita para informarme que para el día de mañana se programa una nueva intervención quirúrgica, para lo cual hacen algunas sugerencias.

Momentos después recibo también la visita del Dr. Ochoa, infectólogo de la institución, quien me sorprende por su forma de actuar, la misma que dista mucho a las anteriores, pues con un tono alentador y con toda la cortesía del caso me extiende su saludo e inclusive un apretón de manos, luego procede a indagar como está mi herida, a lo que yo respondo que para mi criterio estamos progresando muy bien, pues la cantidad de secreción ha disminuido.  En ese preciso momento de nuestra conversación nuevamente ingresa el Dr. Molina, entablándose un diálogo entre profesionales, caso que por primera vez se da al menos en mi presencia y con relación a mi estado de salud, este hecho me anima y me reconforta, pues es la primera vez que puedo palpar la coordinación entre el traumatólogo y el infectólogo.  De este diálogo puedo captar que planean aplicar nuevas estrategias para aliviar mi estado de salud, comenzando con administrar un nuevo antibiótico y la solicitud de que se tome una muestra de hueso y se envíe al laboratorio para su respectivo análisis.

Como es costumbre en estas situaciones recibo las respectivas instrucciones de anestesiología, realizar  el respectivo baño, exámenes de sangre, pruebas de glicemia, tramite de paquetes globulares, etc. de tal forma de quedar listo para el día siguiente.

De la lectura realizada en este día lo que más me impresiona es el texto: “Una curación obrada por el amor de Cristo no es más que una experiencia de la misericordia de Dios hacia una persona que sufre.  También es un posible rayo de luz concedido por el Señor con el fin de educarnos e introducirnos más en el misterio de su amor salvífico”.




PARA REFLEXIONAR

Debemos crecer y fortalecer nuestro espíritu, seguir el camino trazado sin temor a tropezar, caer o cometer un error, pues los únicos que no los cometen son los mediocres, los que nunca hacen nada y los que muertos para siempre están.

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