La felicidad inunda mi
corazón por la bendición de estar un día más en este mundo gracias a Dios, pues
si el día está nublado y el sol aún no destella en el horizonte no es motivo
para estar triste, basta que el destello divino llegue a mi corazón.
La visita médica se
desarrolla sin ninguna novedad, en particular más resulta una obligación de
rutina, pues los médicos tratantes no están presentes, se encuentran en un
congreso en la ciudad de Quito y retornan a sus labores el día lunes.
El equipo médico de
infectología cumple con la inter consulta solicitada por la doctora Cumandá
Lituma, en la misma me cambian el esquema antibiótico, suprimiendo la
ceftacidima y prescribiendo un antibiótico mucho más fuerte como es la
piperacilina, la misma que para ser administrada es necesario hacer una prueba
de sensibilidad.
En la tarde recibo la visita
de mi tío José Aucay y de mi primo Rodrigo, con quienes platicamos sobre muchos
temas con respecto a mi situación de salud, por lo que sienten mucha
preocupación y desde luego dándome sus palabras de aliento para que continúe en
la lucha contra las adversidades.
PARA REFLEXIONAR
El
sufrimiento no es un castigo, es una bendición porque nos aleja de las
preocupaciones superficiales y nos acerca más a Dios.
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