martes, 18 de febrero de 2014

Viernes 23 de agosto…





La felicidad inunda mi corazón por la bendición de estar un día más en este mundo gracias a Dios, pues si el día está nublado y el sol aún no destella en el horizonte no es motivo para estar triste, basta que el destello divino llegue a mi corazón.

La visita médica se desarrolla sin ninguna novedad, en particular más resulta una obligación de rutina, pues los médicos tratantes no están presentes, se encuentran en un congreso en la ciudad de Quito y retornan a sus labores el día lunes.

El equipo médico de infectología cumple con la inter consulta solicitada por la doctora Cumandá Lituma, en la misma me cambian el esquema antibiótico, suprimiendo la ceftacidima y prescribiendo un antibiótico mucho más fuerte como es la piperacilina, la misma que para ser administrada es necesario hacer una prueba de sensibilidad.

En la tarde recibo la visita de mi tío José Aucay y de mi primo Rodrigo, con quienes platicamos sobre muchos temas con respecto a mi situación de salud, por lo que sienten mucha preocupación y desde luego dándome sus palabras de aliento para que continúe en la lucha contra las adversidades.
 



PARA REFLEXIONAR

El sufrimiento no es un castigo, es una bendición porque nos aleja de las preocupaciones superficiales y nos acerca más a Dios.

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