martes, 18 de febrero de 2014

Martes 20 de agosto…


Hoy es un día muy especial, motivo por el cual le doy infinitas gracias a Dios, pues hoy mi querida madrecita cumple 80 años de feliz existencia, un maravilloso motivo para sonreír y para darle gracias a mi tesoro divino llamado Madre.

Querida madrecita, Paulatinamente las hojas del candelario han ido pasando, desde aquel dichoso día en que tus  queridos padres, Dios y el mundo dichosos, te vieron nacer aquél 20 de agosto de 1933.

Han pasado 80 años desde aquél grandioso día, 80 años que quizá te han arrugado las manos más no tu alma noble y generosa, 80 años que han pintado de plata tus cabellos y de oro puro tu gran corazón.

Orgullosos nos sentimos nosotros tus hijos por tu aureola de virtudes y encantos, por tu tenacidad, por tu perseverancia, por ese infinito amor que nos tienes, por regalarnos cada día esa sonrisa angelical, por estar junto a nosotros en las alegrías y en las tristezas, por ser nuestra divina compañera que alegra nuestro diario vivir.

Gracias a ti por habernos dado la vida, pero más gracias damos a la vida por habernos dado, a ti querida madrecita.  Gracia porque en tu ejemplo hemos visto la brújula y el faro que nos ha conducido a puerto seguro a pesar de nuestras debilidades, pero siempre hemos encontrado en ti esa cuna de amor y comprensión, porque seguros que para el amor de madre no hay hijo malo.  Porque el amor más grande que encontramos en la vida es el de ti madre, porque todo es sacrificio y desinterés, todo lo das y nada esperas.  Más nunca podremos pagar cumplidamente lo que tú has hecho por nosotros, pues tu amor de madre es el símbolo supremo del amor humano. 

Bendita seas madre santa, bendito tesoro divino, que Dios te conceda muchos años más de vida y te colme de muchas bendiciones para que tu sonrisa sea nuestra alegría y tu presencia nuestra eterna compañía.  FELIZ CUMPLEAÑOS QUERIDA MADRECITA.

Durante la visita médica, el Dr. Gustavo Ochoa me confirma que a las tres de la tarde se llevará a cabo la intervención quirúrgica, haciéndome algunas recomendaciones para estar preparado para la misma.

Dos y treinta de la tarde, doña Cumandá, haciendo uso de una silla de ruedas me traslada hasta el área de quirófanos, en donde los médicos realizan la intervención programada.  El anestesiólogo Dr. Araujo, procede a colocar un  nuevo catéter en la columna para poder administrar la anestesia, pues el catéter que lo tenía colocado con anterioridad está desprendido, también me colocan nuevamente un catéter central a la altura de la clavícula, por cuanto es muy difícil canalizar una vía intravenosa.

Antes de la cirugía el Dr. Gustavo Ochoa, traumatólogo que lleva mi caso en ausencia del doctor Miguel Molina quien se encuentra de vacaciones, me da algunas indicaciones con respecto a la situación de la fractura.  Me indica unas fotos tomadas en la intervención anterior en la cual se divisa huellas de haber raspado el hueso pero sin conseguir que sangre el mismo, lo que para su criterio profesional indica que el hueso esta desvitalizado, necrosado y por tanto hay que sanear toda la parte afectada.  También me da a conocer que en un futuro mediático se puede llegar a tomar la decisión de la amputación de la pierna a la altura del muslo ante la imposibilidad de realizar un trasplante o injerto de hueso debido a la presencia de la bacteria pseudomona, pero que de todas formas se tomará una nueva muestra para realizar un cultivo.

Durante la intervención (vigésima séptima) proceden a retirar el apósito y todos los implementos del sistema de aspiración de succión continua, realizan la respectiva limpieza, proceden a retirar parte del hueso necrosado y luego aproximan los bordes de la herida.  Posteriormente me envían a la sala de recuperación hasta que me pase el efecto de la anestesia.

El Señor Octaviano Álvarez, camillero de la institución, me traslada hasta mi sala que se encuentra en el tercer piso en el área de cirugía en donde me recibe el personal de enfermería que cumple el turno respectivo.

Luego de dar gracias a mi Dios y pidiéndole que me de valor, humildad y sencillez, para aceptar su santa voluntad procedo a descansar.



PARA REFLEXIONAR:

Todo ser humano alimenta en su interior la esperanza de comenzar de nuevo, de iniciar una vida nueva y no quedar prisionero de sus errores y faltas.

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