martes, 18 de febrero de 2014

Jueves 29 de agosto…





Un nuevo día, un nuevo amanecer, despierto lleno de valor y felicidad gracias a la misericordia de mi buen Dios, pues cada día es una bendición y un motivo para sonreír.

Despertar con la luz de la fe y la esperanza, reconforta todo mi ser, porque sé que la mano del Creador me sostiene y con la luz de su espíritu me ilumina y guía mi camino, por tanto no hay motivo para estar triste ni preocupado, y con su gracia estoy dispuesto a batallar un día más en esta guerra contra las adversidades que se me han presentado.

En la visita médica están presentes los doctores: Gustavo Ochoa, Cornelio Vicuña, Telmo Tapia a más de los médicos residentes e internos, en el diálogo que mantienen deciden no volver a tomar ninguna muestra más para realizar cultivos de hueso, pues tienen decidido ya no abrir la herida, salvo el caso que está siga drenando.

La señorita Johana Astudillo, procede a realizar la curación de mi herida y a cambiar los vendajes, de acuerdo a la prescripción médica, para lo cual hace uso del equipo de curación, suero fisiológico, gasas, apósitos y vendas.

Durante la tarde cuento con la visita de mi hermana y de mi sobrina, pues todos los días están fiel a la causa gracias a Dios.  También me visita el doctor Telmo Tapia para solicitarme las radiografías para hacer un estudio riguroso de la situación de mi fémur.  Aprovecho la oportunidad para consultarle sobre que pronóstico hay de mi situación, manifestando que es posible que me hagan una nueva limpieza y que tienen pensado darme de alta para que regrese después de unos dos o tres meses para estabilizar el hueso en caso de que la estrategia que me están aplicando no funcione, esto es que consolide la parte del fémur existente.

El personal de enfermería cumple a cabalidad, con eficiencia y esmero su trabajo como es la administración de los antibióticos prescritos y sus diferentes obligaciones.
 



PARA REFLEXIONAR:

Salvarse significa ir suprimiendo o disminuyendo las fuentes del sufrimiento, esto es trasponer las fronteras del dolor y de la angustia, superar la preocupación obsesiva por sí mismos, y así adquirir la presencia de ánimo, el autocontrol y la serenidad, y, naturalmente, recuperar las ganas de vivir.

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