martes, 18 de febrero de 2014

Miércoles 17 de julio…


Hoy se cumplen 101 días desde el día que me ocurrió el accidente, y debo indicar que gracias a Dios he tenido el valor de poder soportar todo este tiempo ajeno a la presencia de mi familia, aislado en una sala con prohibición de visitas pero soportando el dolor y los problemas con humildad y optimismo.  Ya no le exijo tanto al Creador, sobre mi recuperación, pues humildemente he decidido aceptar su voluntad pues sé que en todo sufrimiento humano, coexiste una especie de voluntad divina, es decir, de esperanza que Dios nos da en cuanto a la acogida de su gracia.

Luego del desayuno, a partir de las 10 de la mañana me aplican el conocido NPO, el mismo que hay que cumplirlo con responsabilidad para evitar complicaciones en el quirófano.

En la visita médica del Dr. Miguel Molina confirma mi intervención quirúrgica para las 6 y media de la tarde.

Permanezco tranquilo, ocupado en la lectura, meditando y en momentos escribiendo esta crónica o puliendo mis obras (Antología de un Aventurero y El vino dulce y amargo del amor) que en algún momento Dios me permita publicarlas. 

De acuerdo a lo programado, Doña Janeth, auxiliar de enfermería me traslada en camilla hasta el quirófano.  En el trayecto saludo con varios amigos y amigas que trabaja en el hospital ocupando diferentes cargos.

Ya dentro del quirófano el Dr. Miguel Molina se dirige hacia mí para saludarme y preguntarme como me encuentro, yo como siempre lleno de optimismo y con un poco de gracia le respondo que yo me encuentro muy bien, que la que está enferma es la pierna, lo que arranca una sonrisa alentadora en el médico y que replica que esté tranquilo que muy pronto me va a curar esa patita caprichosa.

Se lleva a cabo la vigésima cirugía, en la que proceden a realizarme una limpieza, toma de una muestra ósea y de secreción para realizar un nuevo cultivo.  Terminada la intervención quirúrgica el médico me alienta explicándome que está bastante bien mi situación, dando por terminada la intervención quirúrgica aproximadamente a las nueve y treinta de la noche.  Posteriormente soy trasladado a la sala número 8 de cirugía en donde prácticamente se ha convertido en mi domicilio.




PARA REFLEXIONAR

Quien tome una pluma para firmar la sentencia en contra de alguien, antes de hacerlo que se mire en el espejo de su conciencia y si tiene limpia sus manos para hacerlo.

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