Cada día es un milagro que
Dios nos regala, es por eso que todos los días debo darle gracias por su bondad
y misericordia, pues el Señor a pesar de nuestras debilidades humanas no se
olvida de hacer que el sol aparezca todos los días y que cada amanecer se
convierta en un camino por recorrer para lo cual el Señor siempre nos estará
guiando.
El doctor Gustavo Ochoa,
durante la visita de la mañana procede a cortar las vendas que cubren mi herida
para revisar la misma y hacer una evaluación de su evolución, comentando luego
que está muy bien. Luego me visita el
doctor Javier Ochoa con su equipo de infectología y también procede a revisar
la herida y a tomar una muestra para realizar un nuevo cultivo, pues antes de
darme el alta quieren estar seguros de haber erradicado por completo la
bacteria de la pseudomona aeruginosa.
Luego la señorita interna de
medicina Johanna Astudillo procede a la respectiva curación de la herida,
cambiar los apósitos y cubrir con vendajes la herida, también me realiza una
limpieza en la zona en donde está colocado el catéter central para evitar algún
tipo de infección.
Durante la visita de la
tarde cuento con la presencia de mis sobrinas Anita Lucía y Mayra, con quienes
platicamos sobre algunos temas y aprovechamos para reír un poco a través de
algunas bromas que nos hacemos mutuamente.
La licenciada Blanca Reino
me da sus muestras de solidaridad y sus palabras de aliento para que todo salga
bien y pronto pueda regresar a casa, de la misma manera luego lo hacen la
señora Silvia Serrano y don Bolívar Criollo, personal que laboran dentro del
equipo de enfermería.
PARA REFLEXIONAR:
Por
muchas que sean las dificultades o grandes las desilusiones a lo largo de la
senda, quienes la siguen, respetan y aprenden de los otros caminantes y a
menudo si no corporalmente, con seguridad en espíritu avanzan juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario