La gracia que Dios me
concede hoy, no puede ser economizada.
No hay un banco donde pueda depositarla para utilizarla de nuevo cuando
esté en paz conmigo mismo. Si no
disfruto de estas bendiciones, las perderé irremediablemente.
Como de costumbre hoy el
equipo de traumatología visita mi sala y el doctor Gustavo Ochoa, procede a
cortar las ventas y revisar la herida de mi pierna, comentando con sus colegas
que ésta está evolucionando satisfactoriamente y me indica que todo depende de
los resultados del cultivo de hueso enviado tanto al laboratorio del hospital
como a Guayaquil al Instituto Izquierda Pérez a más tardar en unos diez días me
daría el alta.
Posteriormente la señorita
Johanna Astudillo procede a colocar apósitos limpios sobre la herida y luego a
vendar la misma, pues de acuerdo a lo prescrito por el médico tiene que
realizar una curación al día.
Mucha complacencia me causa
la visita de Manuelito Astudillo, de mis hermanos Carlos y Luz María y de mi
sobrina Mayra.
PARA REFLEXIONAR:
La
mayoría de las personas sufren porque ven el mundo de la manera que desearían
que sucediesen las cosas y no de la manera como realmente suceden.
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