martes, 18 de febrero de 2014

Miércoles 18 de septiembre…




Entusiasmo, optimismo y mucha expectativa caracterizan esta mañana, pues hoy posiblemente me den, el alta médica el equipo de médicos especialistas en traumatología, pues ayer el doctor Javier Ochoa, jefe del área de infectología procedió a extenderme el alta.
Durante la visita médica, los doctores Cornelio Vicuña, Miguel Molina y Gustavo Ochoa proceden a concretar mi alta, me dan algunas indicaciones y sugerencias de cuidado para que mi situación de salud evolucione satisfactoriamente, entonces yo me dirijo a ellos para expresarles mi gratitud y desearles muchos parabienes y éxitos en sus funciones y en su vida profesional.
La señorita interna Johanna Astudillo luego de realizar algunas gestiones me entrega la respectiva receta médica, la misma que consiste en 63 cápsulas de fosfocina cuya prescripción consiste en una cápsula cada ocho horas.  Esta receta posteriormente es retirada por mi hermana Luz María en la farmacia de la institución.  También la señorita interna me entrega dos tiques para las respectivas consultas médicas, tanto con el traumatólogo e infectólogo para el 10 de octubre, en las que me harán un seguimiento sobre la evolución de mi estado de salud.
La doctora Cumandá Lituma, médica residente del hospital con la asistencia de la señorita interna Johanna Astudillo proceden a retirar el catéter central y el catéter que lo tengo colocado en la columna vertebral, el mismo que servía para administrar la anestesia.  Además la señorita Astudillo realiza la última curación en la herida de mi pierna, luego nos despedimos,  agradezco por todos sus servicios, por su apoyo moral y profesional, pues el tiempo que me asistió lo hizo con mucha vocación y esmero, que Dios me la bendiga siempre.
Luego con la ayuda de mi sobrina Anita Lucía y mi hermana Luz María guardamos las pertenencias para llevar a casa, pues luego de cinco meses y medio toca cambiarme de domicilio, pues como dice el refrán “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y hoy gracias a Dios regreso a mi hogar.
Como todas las despedidas son tristes pues esta no es la excepción, fueron varios meses de hospitalización en donde me acostumbré a las atenciones de los profesionales de la salud en todas las áreas, y es más cuando la atención es excelente uno con mayor razón se enseña.
Una mezcla de alegría y tristeza quizá se refleja en mi rostro, pues alegría por haber mejorado mi estado de salud y tristeza por tener que despedirme de personas tan maravillosas que estuvieron junto a mí durante mi estadía.  Como no extrañar las ocurrencias de Raúl y de doña Ruth, las picardías de doña Silvia, las atenciones tan delicadas de la licenciada Jenny, las palabras de aliento y el mensaje de paz de la licenciada Lilia y Ligia Campoverde, la generosidad de Freddy, el rostro tan alegre de la licenciada Patricia, la amabilidad de las licenciadas Piedad, Diana, Carmen, Aida, Celia, Blanca y Mercedes.  Como no recordar la motivación del Lcdo. Bolívar Criollo y las atenciones de doña Rosita, doña Sarita y la señorita Gloria, doña Laurita, doña Lucrecia, la señora María y doña Mónica, y la nobleza y amistad de la señora Janeth.  La amistad brindada por todo el personal de internos de enfermería, internos de medicina, personal de servicio y de manera especial de la señora Cumandá Hurtado y don Juanito, doctora Johanna Astudillo, Dres. Miguel Cárdenas y Patricio Orellana.
Como acto final de despedida solicito que por favor me acompañen para tomarnos unas fotos a varias personas que forman parte del equipo de enfermería, fotos para el álbum de recuerdos, a pesar que más seguro estará en mi mente y en mi corazón el recuerdo de cada uno de los rostros de seres tan especiales que a más de sus atenciones me brindaron su confianza y amistad.

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