martes, 18 de febrero de 2014

Martes 17 de septiembre…




Un alegre despertar, lleno de colorido por los rayos solares, un día más de vida, un día más de alegría por estar en este mundo.  Pues a pesar de las adversidades Dios me permite sonreír y continuar por el diario caminar por este mundo.
Luego de un sueño reconfortante gracias a Dios estoy listo para seguir batallando con mi situación de salud.
Luego de asearme, con mis compañeras las muletas salgo a pegarme un pequeño recorrido por los pasillos del área de cirugía, posteriormente desayuno el manjar que doña Rud Astudillo me sirve en mi habitación por lo que doy gracias al Creador.
La señorita interna luego de la visita de los médicos procede a realizar la curación respectiva de la herida.
También cuento con la agradable visita de mi gran amigo y ex compañero de colegio Manuelito Astudillo, quien durante mi estadía en el hospital me ha visitado constantemente demostrándome que los años ni la distancia no pueden matar una amistad sincera.
La señorita interna de medicina Johanna Astudillo, más o menos a las diez y media de la mañana llega a mi habitación para darme una gran noticia, el resultado de los cultivos han dado negativo para la bacteria que me venía atormentando por el espacio de cinco meses.  También me indica que conocidos los resultados por parte del departamento de infectología el doctor Javier Ochoa procede a darme el alta, desde luego recomienda que el día de mañana me entregará, la receta para administración por vía oral.
Posteriormente la médica residente doctora Cumandá Lituma, se acerca hasta mi habitación para indagar información sobre mi caso de salud, me solicita además las placas de rayos X y la respectiva historia clínica, pues está designada para elaborar la epicrisis de mi caso y exponerlo ante el personal médico de la institución el día de mañana.
Luego de tan maravillosa noticia lo menos que podría hacer es darle gracias al Creador que durante todo el tiempo de hospitalización ha estado junto a mí, dándome valor, serenidad, paciencia, tolerancia para permanecer tranquilo y batallar conjuntamente con el personal de médicos y de enfermería para salir delante de esta adversidad.  Dios con su infinita misericordia supo cuidarme con todo su amor de Padre.  Y hoy soy un fiel testimonio de su misericordia infinita.
La noticia tan agradable la comparto con mis familiares y amigos a través de las redes sociales, recibiendo mensajes de complacencia de muchos de mis amigos, ex compañeros de trabajo, familiares y personal del hospital.
En la tarde de igual manera comparto mi alegría con mi hermana Luz María y mi sobrina Anita Lucía, así como también con mi primo Patricio que hoy vino a visitarme.
También me visitan estudiantes de cuarto año de medicina, alumnos del doctor Gustavo Ochoa, quienes me solicitan que les ayude con información sobre mi situación de salud, es decir un pequeño recuento desde mi accidente hasta la fecha.
Enteradas de la noticia de que ya me dan el alta médica, las señoras María Luisa Astudillo, Nube Pauta y Lorena Ordoñez, del área de nutrición se acercan para despedirse en medio de lágrimas, pues luego de seis meses la amistad se ha acrecentado, es más compartiendo con el personal todos los días.

PARA REFLEXIONAR:



En la vida siempre es importante considerar tres momentos: el primer momento es aquel cuando decidimos afrontar un problema, y darnos cuenta de que somos mucho más capaces de los que pensamos.  El segundo momento, reconocemos que toda la energía, toda la sabiduría, viene de la misma fuente desconocida, que normalmente llamamos Dios.   El tercero es considerar que nadie está solo en sus tribulaciones; siempre hay alguien más pensando, alegrándose o sufriendo de la misma manera, y eso nos da fuerza para afrontar mejor el desafío que tenemos ante nosotros.
 

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